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Vida Académica
2017-11-08
Coloquio Equidad de Género en Ingeniería
Egresados y docentes de la Facultad de Ingeniería comparten experiencias personales sobre la equidad.
Por: Aurelio Pérez-Gómez
Fotografía: Eduardo Martínez Cuautle
Comunicafi
Gonzalo López de Haro, Margarita Ramírez Galido, Magdalena Trujillo Barragán y Luz María Castañeda de León

El Centro de Docencia Ing. Gilberto Borja Navarrete de la Secretaría de Apoyo a la Docencia de la Facultad organizó el Coloquio Equidad de Género en Ingeniería con el lema 107 años Formando Ingenieras Mexicanas en la UNAM, cuyo objetivo fue difundir la evolución que ha tenido la equidad de género y su impacto en la formación de ingenieras en la institución, el pasado 8 de noviembre en el Auditorio Sotero Prieto.

El maestro Marco Tulio Mendoza Rosas, secretario de Apoyo a la Docencia, agradeció a la coordinadora del Coloquio, la doctora Martha Rosa del Moral Nieto, la realización de este evento que permite la reflexión y abona a los avances que se han tenido en la equidad.

Primera mesa

Trayectoria Académica Institucional y Profesional de las Ingenieras que han contribuido a la Equidad de Género fue la primera mesa con la participación del ingeniero Gonzalo López de Haro, secretario General de la FI; la doctora Magdalena Trujillo Barragán y las maestras Luz María Castañeda de León y Margarita Ramírez Galindo como moderadora.

El ingeniero López de Haro comentó que su hermano, estudiante de ingeniería en la década de los cincuenta y cuya generación estuvo integrada por cerca de mil alumnos, "sólo recuerda a una compañera de origen venezolano. Después, cuando ingresé a mediados de los sesenta, la matrícula ya era de cerca de 1300 estudiantes y tres compañeras: Guillermina Bárcenas, Marina Pérez Estañol y otra llamada Betty".

Dio algunos datos sobre la participación de la mujer en la UNAM: en la administración es de 2700 funcionarias, en contraste con los 3300 hombres; en la rama académica-administrativa es la misma cantidad (21 mil) para hombres y mujeres; en cambio, los alumnos son 163 mil y 168 mil alumnas, lo cual representa el 50.6 por ciento.

"En la Facultad, tenemos un número mágico en la intervención de mujeres, el 23 por ciento: en la matrícula, en la titulación y en la planta docente. La cifra sube al 28 cuando se integran a ayudantes de profesor y técnicos académicos; en dichas categorías por separado es del 40 por ciento. Como profesoras de carrera sólo hay un 15 por ciento. En el Consejo Técnico la proporción de alumnas es del 50 y las representantes académicas solamente ocupan el 20", precisó. Asimismo, destacó que en la distribución de la matrícula femenina la de mayor demanda con 45 por ciento es en Ingeniería Geológica, y la de menor, Mecánica con el 15.

En las áreas de dirección los datos no son muy estimulantes: en Ciencias Básicas el 42 por ciento son jefas, en Ciencias de la Tierra el 25; en la Secretaría General el 62; en el staff directivo de la Facultad compuesto de 17 funcionarios, hay una jefa de División (Ciencias Sociales y Humanidades) y la Coordinadora de Planeación y Desarrollo, quienes representan el 11 por ciento. "Estas cifras son duras, pero nos ayudan a conocer y entender un poco más el panorama actual en la institución. Es importante decir que tenemos presencia femenina, pero no es equitativa".

El Secretario General apuntó que el crecimiento ha sido constante en los últimos años, pasar del .3 al 23 por ciento. "He sido testigo a lo largo de mi vida que la participación femenina en la Facultad ha sido fundamental, dado que las alumnas e ingenieras, al igual que los personajes femeninos de Gabriel García Márquez, son fuertes, perseverantes, curiosas, prácticas y directas, en contraste con los ingenieros que somos más idealistas y románticos".

Explicó que se le debe mucho a las pioneras: Concepción Mendizábal (1930), Laura Cuevas Bulnes (1938), María del Carmen Grimaldo y Cantero (1939), Ángela Alessio Robles (1943), Elia Mendieta Márquez y Angelina Pérez López de Hinojosa Franco (1944), Ana María Cavero del Valle y Amalia Cavero Villanueva (1946), María Elena Barraza Gutiérrez y Graciela López Núñez (1947), Leda Speziale San Vicente y California Odha Zertuche Díaz (1954), Enriqueta García Amaro (1956) y María Luisa Silva Puga (1969); "todas ellas abrieron brecha y picaron piedra", señaló.

Otro ejemplo es Sor Juana Inés de la Cruz, "que a mi juicio ha sido el cerebro más privilegiado que ha dado México; se enfrentó a políticas eclesiásticas machistas y fue más inteligente que todos los hombres que la rodearon. Ella dio uno de los debates intelectuales más importantes del siglo XVII, en su famosa Respuesta a Sor Filotea de la Cruz plasmó una de sus ideas más brillantes: No estudio para saber más (....) sino para ignorar menos". Para concluir, externó su beneplácito de que "día con día, se incremente más la presencia femenina en todos los ámbitos de la sociedad".

La doctora Trujillo Barragán relató que su ingreso a la carrera de Ingeniería Mecánica fue producto de una serie de decisiones "más emocionales que racionales" y que en su familia predominan las mujeres, "no tengo hermanos y tengo muchas primas". Su infancia no determinó su vida profesional, sino su etapa en el bachillerato, cuando cambió su decisión de ingresar a Contaduría (su padre era contador). "En esa época, mi novio estudiaba en la Facultad de Ingeniería y me enseñó las máquinas de vapor: estuve viéndolas fascinada pues siempre me apasionó saber cómo funcionan. Al llenar la solicitud de ingreso a la UNAM, una amiga me cuestionó por qué no estudiaba lo que más quería". Ante esa pregunta entendió que su decisión estaba basada en el miedo, por eso borró la opción y seleccionó ingeniería.

Ya en la FI, tuvo una etapa de feminista aguerrida: con una compañera crearon un equipo, "exclusivo de mujeres", con la idea de demostrar que podían hacer las tareas solas, "pero la verdad no hicimos bien el trabajo; por eso luego formamos grupos más incluyentes".

Luego de trabajar como dibujante y supervisora, se incorpora a la docencia y continúa su formación académica con la maestría, a la par del nacimiento de su primera hija: "es muy difícil combinar ser profesionista y madre, me tuve que partir en mil pedazos. Así, descubrí que la única forma para lograr el éxito era la disciplina."

Al término de su maestría la invitaron a participar en el proyecto Alfa: visitas y estancias a varios países para estudiar diferentes procedimientos de inyección de plástico para su implementación en México. Trabajó con investigadores de España, Francia, Chile y Argentina y gracias a estas experiencias surgió la idea de crear el Laboratorio de Procesamiento de Plásticos en la Facultad.

Actualmente, participa en un programa de formadores de la Asociación Nacional de la Industria del Plástico. "Comencé este viaje profesional con una decisión emocional y en el camino he descubierto que esto me apasiona. La ingeniería mecánica es la profesión que escogí, ha sido un gran reto por todas las dificultades que he sorteado y los logros que he conseguido; nadie te enseña cómo hacerlo, cada una de nosotras debe aprenderlo en el camino".

En su turno, la maestra Castañeda de León mencionó que tiene tres hermanos y ella es la única mujer en su familia: "Mi entorno siempre ha estado caracterizado por el género masculino y la ingeniería, rodeada de hermanos, tíos, compañeros y colegas. Mi padre era profesor y tenía dos grandes aficiones: la medicina y la electrónica. Cada fin de semana íbamos a comprar chácharas que desarmaba y arreglaba; lo cual fue determinante para mi formación profesional".

Sobre su etapa estudiantil, explicó que nunca sintió ningún tipo de discriminación: "No aprecié que existiera alguna diferencia entre alumnos y alumnas en Ingeniería en Computación; en otras carreras sí había un comportamiento distinto".

Comentó que hoy en día las áreas ingenieriles y científicas requieren incrementar sus números de egresados en ambos sexos: "hagamos campañas personales de adoptar a un familiar para acercarlos a la ingeniería y a la ciencia, así como buscar alternativas para fortalecer la participación femenina".

Por otra parte, les comentó a las alumnas de ingeniería que deben acercase a congresos, foros y programas de investigación, desarrollo, innovación y emprendimiento organizados por universidades, empresas y sectores públicos y privados nacionales e internacionales que pretenden desarrollar proyectos de empresas emergentes, "que integren a las mujeres al mercado laboral".

Para concluir la mesa, la maestra Ramírez Galindo resumió que la participación de las mujeres en las áreas científicas y tecnológicas ha sido muy relevante en las últimas décadas, y espacios como este Coloquio permiten analizar y fomentar su inclusión en la sociedad. Los datos vertidos en esta sesión y las experiencias personales, "nos ayudan a tomar mejores decisiones para crear y desarrollar programas institucionales en pro de la equidad de género".

Segunda mesa

Con el tema Ingenieras que logran Equidad de Género en las Áreas Laborales, se efectuó la segunda mesa, en la que participaron como expositores las ingenieras y profesoras de la FI María del Carmen Navarrete Sevilla y Gabriela Betzabé Lizárraga Ramírez y los ingenieros Alejandro Pérez Marroquín, egresado de la Facultad, y Carlos Sánchez Mejía, profesor de la FI y moderador de la mesa.

Sobre las mujeres en las áreas laborales, el ingeniero Sánchez Mejía, consideró que las ingenieras "tienen una mayor sensibilidad que los varones". En las tres actividades que le apasionan (docencia, los negocios y los autos), las mujeres tienen mucho que ofrecer: "en la docencia al saber manejar sus emociones pueden entender mejor, estar más cerca y ayudar más a los alumnos".

Opinó que el mayor problema de las ingenieras es la poca autoestima que tienen por lo que les aconsejó: "deben creérsela, puesto que son excelentes profesionistas, responsables, entregadas y muy trabajadoras".

La empresaria Navarrete Sevilla relató que tuvo una preparación extremadamente rígida, con orden y disciplina en escuelas de monjas. "Mis padres tenían una educación tradicional, por eso la casa era una extensión de la escuela. En aquellos años, los hijos no teníamos la opción de elegir, lo único que podíamos hacer era obedecer".

Así es que cuando le externó a su papá que deseaba estudiar ingeniería petrolera, tuvo de respuesta que las mujeres no son ingenieras. "Ante mi insistencia, me dijo que buscara otra ingeniería con más futuro".

Cuando entró al CCH Sur, se dio cuenta de que no todas las familias tenían privilegios como la suya: "muchos de mis compañeros tenían que trabajar para vivir; tanto me impactó que presioné a mi papá para que los contratara, hombres o mujeres todos necesitamos trabajar".

Al ingresar a la Facultad de Ingeniería, se imaginó un ambiente similar al CCH, pero no fue así. "El primer día, me recibieron con un mar de chiflidos que en lugar de ser halagador fue desagradable e incómodo". Como respuesta organizó a otras alumnas para hacerles lo mismo a sus compañeros, "lo llevamos a cabo durante un tiempo, hasta que un día le tocó a un profesor, quien se puso muy nervioso y lamentablemente se cayó. Fue tal el alboroto que terminamos en la Dirección".

Recordó que en muchas ocasiones fue discriminada: "un docente nos dijo en la primera clase que todas las mujeres estábamos reprobadas; tuvimos que buscar a otro maestro que nos aceptara. En otra clase, un compañero preguntó sobre algo que no entendió y, sin ningún problema, el maestro impartió el tema de nuevo. Días después una compañera hizo lo mismo y le respondió: ‘para qué pregunta señorita, si al terminar su carrera sólo va a cambiar pañales, limpiar la casa y cocinar’; además de la actitud del profesor teníamos que soportar la burla de los compañeros. Asimismo, alumnos y profesores te trataban mal por no acompañarlos a tomar un café".

Con todas esas experiencias y desafíos, agregó, se fue convirtiendo en una mujer de retos, dura, entrona, fuerte, perseverante. Lamentablemente, cuando concluyó sus estudios se dio cuenta de que iba a sufrir la misma discriminación en el campo laboral, por eso tomó la decisión de convertirse en empresaria.

Finalmente, aconsejó: "debemos cambiar el chip, les pido a los jóvenes que cuando tengan hijos e hijas los traten como iguales y les inculquen valores. Hay que hacer equipo, puesto que la única forma de sacar al país adelante es trabajando todos unidos y en armonía".

El ingeniero Pérez Marroquín comentó que la empresa donde trabaja tiene varios programas que fomentan las políticas de equidad, inclusión social y cultural, respeto a ideologías políticas, a condiciones raciales y preferencias sexuales, los cuales buscan la integración de sectores marginales o grupos vulnerables. Del mismo modo hay otros que permiten flexibilizar el tiempo y el lugar de trabajo del personal femenino. Afirmó que, gracias a la colaboración de las mujeres, las empresas logran tener economías y finanzas sanas, conseguir objetivos de desarrollo, optimizar la calidad de vida de los empleados y obtener mayores utilidades.

Finalmente, explicó que las mujeres son analíticas y toman las mejores decisiones en compras, por lo cual tiene gran sentido comercial incorporarlas en dichas áreas, pues tienen más autoridad y experiencia.

La ingeniera Lizárraga Ramírez dijo que cuando inició sus estudios, era muy incómodo para las mujeres caminar en la Facultad, dado que los alumnos y profesores acosaban mucho. Celebró que hoy en día, se viva una época de mayor tolerancia y respeto; sin embargo, abundó, aún hay algunas áreas exclusivas para hombres o donde la participación femenina es muy limitada, por eso se pronunció por crear políticas y programas institucionales que fomenten la equidad.

Finalmente, la doctora Del Moral Nieto expresó que este coloquio es un claro ejemplo de que hombres y mujeres podemos trabajar de manera colaborativa en beneficio de la sociedad. Como colofón se llevó a cabo un sorteo con varios premios.