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Vida Académica
2020-11-22
Herramientas para la construcción de paz
La FI organizó el webinar Justicia Restaurativa, Perspectiva de Género y Trabajo con Masculinidades.
Por: Aurelio Pérez-Gómez
Fotografía: Jorge Estrada Ortiz
Comunicafi
Participantes de la mesa virtual

En la Semana Ingeniería en Movimiento Contra la Violencia de Género, dentro de la celebración del 25N Día Internacional para la Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres, la Comisión Interna para la Igualdad de Género de la Facultad de Ingeniería (CINIGFI) llevó a cabo, el pasado 27 de noviembre, el webinar Justicia Restaurativa, Perspectiva de Género y Trabajo con Masculinidades como Herramientas para la Construcción de Paz, con la participación de las doctoras Virginia Domingo de la Fuente, de la Universidad de Ginebra y coordinadora de los servicios de Justicia Restaurativa de Castilla y León de la Asociación de Mediación para la Pacificación de Conflictos de Burgos, y María Gabriel Córdoba, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; la maestra Geru Aparicio Aviña, psicóloga, psicoterapeuta, victimóloga y feminista; la licenciada Luciana Cataldi, jurista y mediadora argentina, y como moderador el maestro Oscar Borja Santana, jefe del Departamento de Enlace del Programa de Procedimientos Alternativos y Justicia Restaurativa de la Oficina de la Abogacía General de la UNAM.

La doctora Gabriel Córdoba definió la masculinidad, es una construcción cultural que se establece como referente, en el cual los varones deben de cumplir con algunos mandatos, conductas o criterios para garantizar su rol social; se les dice ser siempre superiores y nunca débiles, vulnerables ni incompetentes, y a no exponer sus emociones (enfocados más a los logros o triunfos y no a los sentimientos): "Tener siempre un natural rechazo a todo lo que sea considerado femenino". Esta construcción, agregó, inicia desde la infancia: a los hombres se les instruye que no deben comportarse como infantes, niñas o tener actitudes femeninas o de gay, que no tienen permitido angustiarse o deprimirse, y, por el contrario, se les estimula a que realicen actividades peligrosas, violentas y agresivas: "Se les enseña que sólo hay una forma de ser hombres, conformando un patrón de conducta que la sociedad les ha impuesto".

En su intervención, la doctora Domingo de la Fuente afirmó que la existencia de leyes, reglamentos y penas más fuertes que castigan a los agresores no ha tenido un impacto disuasor ni ha hecho que cese la violencia. En ese sentido, explicó, es muy relevante conocer los motivos que han llevado a cometer dichos delitos: "No son unos monstruos, el origen de su actitud se debe a una mala educación o formación de valores. En muchas ocasiones ni ellos mismos son conscientes de que han cometido un delito, sus respuestas pueden ser yo he actuado como un hombre y ¿por qué crees que he hecho mal?. A través de esas aseveraciones comprendemos que no entienden el daño que han provocado, por eso el proceso de reparación y justicia restaurativa debe empezar por ellos mismos".

Se refirió al Manual de Programas de Justicia Restaurativa de las Naciones Unidas que dice que este tipo de justicia es cualquier proceso en el que la víctima, infractor y otras personas afectadas por el delito participan conjunta y activamente en la resolución de las consecuencias del delito generalmente con la ayuda de un facilitador". Para ella, es un proceso que involucra en la medida de lo posible a los afectados por el delito para así colectivamente identificar y abordar daños, necesidades y obligaciones con el fin de curar y hacer las cosas bien.

Para la maestra Aparicio Aviña el modelo penal tradicional termina rompiendo el tejido social, debido a que el efecto y castigo del delito de género afecta no sólo al sistema familiar, sino a la comunidad y a la sociedad en su conjunto, ya que está más centrado en destruir el vínculo familiar que en hacer justicia o modificar las conductas.

A su vez, la licenciada Luciana Cataldi argumentó que el sistema punitivo-retributivo (delito-castigo) es patriarcal y contrario al paradigma restaurativo que busca conseguir la paz social e individual. Aclaró que no es convertir un trauma en otro, parafraseando a Evelyn Gardner: "El trauma no transformado es el trauma transferido", por ello, afirma, es necesario romper con este paradigma. "Al estudiar la historia personal de las víctimas encontramos que la madre, la abuela o algunas antepasadas, igualmente fueron presas de violencia de género o sexual y este hecho fue aceptado o permitido tradicional y socialmente".

Subrayó que la justicia restaurativa se puede aplicar en cualquier grupo de personas que quieran mejorar sus relaciones interpersonales, gestionar sus conflictos de forma comprensiva y dialogada, crear un clima favorable para la convivencia pacífica, así como reforzar una serie de valores prosociales. Con el fin de crear un nuevo paradigma social.

Finalmente, las panelistas coincidieron en que es innecesario romantizar la justicia restaurativa porque la mujer no nace feminista ni el hombre machista, lo que sucede es que prevalece un analfabetismo emocional en todo el mundo. Además, este tipo de justicia se basa en la mediación, cuyo objetivo principal es considerar a todas las personas como ciudadanos y ciudadanas con capacidad racional para dirimir voluntariamente sus conflictos: apostar por generar un verdadero cambio de modelo que busque fomentar en la sociedad una cultura de paz.