
El pasado 27 de agosto, la Facultad de Ingeniería-UNAM y su Unidad Integral de Género (UIG-FI) realizaron en la explanada del edificio I el taller Kintsugi: Transformando las Cicatrices en Arte, el milenario arte japonés de reparar cerámica con oro, a modo de metáfora para gestionar emociones, fomentar la resiliencia y fortalecer el bienestar mental de su comunidad estudiantil. Las organizadoras, la doctora Ana Carrera Aguilar, titular de la UIG-FI, y la artista y terapeuta Ceyla Orlaineta Zúñiga, subrayaron que el taller se enmarca en el Programa de Salud Mental (PSMFI), cuyo objetivo es contrarrestar malestares (ansiedad, estrés o depresión) mediante acciones lúdicas que promueven la introspección y la reconstrucción personal.
El taller, que congregó a decenas de estudiantes, se centró en la elaboración de un plato y su posterior rotura con el propósito de repararlo, lo cual permitió reflexionar sobre la belleza de las imperfecciones y la idea de que las crisis personales, en lugar de debilitarnos, pueden convertirse en la fuente de nuestra mayor fortaleza si se abordan con apoyo y acompañamiento. Esta iniciativa representa un esfuerzo institucional por visibilizar la importancia de la salud mental y proporcionar herramientas creativas para su manejo en un entorno académico demandante.
La encargada de guiar a los participantes, no sólo en esta técnica artística, sino en la profunda reflexión emocional que esta conlleva, estuvo a cargo de la maestra Orlaineta Zúñiga, especializada en arteterapia; expuso que el Kintsugi, más que una manualidad, es una filosofía. "A través de nuestra vida vamos teniendo caídas, golpes, cicatrices, y después de esas crisis hay que volvernos a unir. ¿Por qué decimos que las cicatrices las pintan con oro?, porque nos volvemos mucho más valiosos... aceptar aquello que nos pasa como algo que al final nos fortalece". Esta perspectiva converge con los objetivos del PSMFI, el cual busca prevenir problemas mediante el fomento del bienestar emocional, el acompañamiento psicológico personalizado y del sentido de comunidad y pertenencia. Resaltó la función fundamental del proceso creativo para explorar y comprender las emociones de una manera menos directa e intimidante, pues "el arte permite relajarnos y observar nuestras situaciones emocionales; a manera de senda alternativa que resulta un poco menos doloroso poder comprenderlas".
Esta aproximación lúdica y artística del programa tiene como meta crear un espacio seguro donde el estudiantado, a través de la introspección, encuentre nuevas perspectivas sobre lo que les pasa. Una vez concluido el ciclo escolar, se prevé organizar una muestra que exponga todo el recorrido artístico-emocional de los participantes, también de quienes no pudieron unirse en calidad de testigos del proceso de transformación colectiva. Esta visión estratégica del taller quedó bajo la responsabilidad de la doctora Carrera Aguilar, titular de la UIG-FI: "Gestionar emociones, y tratar de fortalecer las herramientas para el bienestar emocional de nuestra comunidad, particularmente el estudiantado". Además, aseguró que estas acciones forman parte de una iniciativa más amplia y constante que busca contrarrestar los malestares que surgen de la intersección entre la vida académica y personal.
La titular de la UIG-FI formuló una invitación a toda la comunidad para estar pendiente de las redes sociales del PSMFI, enfatizando que este taller no es la única actividad que coordina la maestra Orlaineta Zúñiga. "Ojalá puedan estar presentes en otras, ¡están padrísimas! y, sobre todo, tienen ese fin de buscar el equilibrio. Estamos comprometidos en buscar una formación profunda e integral de ingenieras e ingenieros del mañana, no sólo en la excelencia académica, sino también una sólida inteligencia emocional y salud mental".
La recepción por parte del estudiantado resultó muy favorable, evidenciando la necesidad y el aprecio por este tipo de iniciativas. Miguel Ángel Martínez (tercer semestre de Ingeniería Geológica) participó con el propósito de recrearse. "Desestresarme de mis materias y pasar un buen rato fue muy agradable. Me gusta mucho el hecho de que haya actividades de este tipo en la Facultad. Creo que le da un plus a venir a clases, pues podemos convivir con colegas para salir de la rutina". A su vez, Aurora Aranda (Ingeniería Geológica) consideró que fue una actividad muy interesante: "Ya lo había visto en videos en internet, se me hizo muy interesante la técnica de volver a pegar algo roto. Te hace igual pensar en qué eres tú para poderlo dibujar; al principio te quedas en blanco y ya poco a poco vas fluyendo". De manera semejante, Damián Santos Hernández (séptimo semestre de Ingeniería Eléctrica Electrónica) halló en la actividad una cualidad relajante y una oportunidad para aprender una divertida técnica de restauración que desconocía.
El taller Kintsugi: Transformando las Cicatrices en Arte, más que una simple actividad, representa el compromiso de la Facultad con la salud integral de su alumnado. Al transformar una cicatriz en una oportunidad de creación y fortalecimiento, la institución repara, a la vez que celebra las cicatrices como testimonio de resiliencia y crecimiento, construyendo una comunidad universitaria más fuerte, unida y consciente de su valor inherente, puntualizó la doctora Carrera Aguilar.