
La leyenda ‘Boletos agotados’en la página de la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM), cuatro días antes de la tan esperada presentación, fue el preludio de una extraordinaria y emocionante velada, que se hizo realidad, el pasado 10 de septiembre, para quienes tuvieron la fortuna de disfrutar el Concierto Mexicano dedicado a la comunidad de la FI-UNAM.
Al caer la noche, en la majestuosa Sala Nezahualcóyotl, reconocida en América Latina por su óptima acústica, el director artístico Raúl Aquiles Delgado llevó la batuta del homenaje a nuestro país a través de las cuerdas, los vientos y las percusiones: "La Orquesta está profundamente comprometida con México, por eso, en este concierto mostramos un poco de todo el universo de compositores de música mexicana. Asimismo, queremos agradecer a la Facultad de Ingeniería, un pilar fundamental de nuestra fundación y de nuestra existencia", celebró.
Este viaje, de lo clásico a lo contemporáneo, comenzó con Sones de mariachi (Blas Galindo), Intermezzo de la ópera Atzimba (Ricardo Castro) y Vuelo (María Granillo), para saxofón tenor y orquesta, inspirada, a decir de la compositora, en la contemplación del vuelo de las fragatas de las costas de Oaxaca.
Luego del intermedio, la Sinfónica deleitó al público con Sensemayá (Silvestre Revueltas), obra de peculiar patrón rítmico basada en el poema homónimo del cubano Nicolás Guillén, y el Danzón núm. 2 (Arturo Márquez), con la invitación abierta para acompañar la interpretación con un baile.
Con sombrero de mariachi bien puesto, el director cerró la noche marcando los ritmos del Huapango de José Pablo Moncayo que erizó la piel de todo el auditorio cuando, en el clímax de la nota final, entre los violines se desplegó una bandera nacional y se lanzó un potente ¡viva México!, seguido de una generosa ovación de pie, merecida para una extraordinaria velada mexicana.