
La División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Facultad de Ingeniería (FI) llevó a cabo, el pasado 24 de septiembre en el auditorio Sotero Prieto, el Cine Foro de Lucha Libre, que incluyó la proyección de El Santo contra las mujeres vampiro (Alfonso Corona Blake, 1962) y el coloquio Lucha libre: expresión cultural en el cine mexicano. El encuentro favoreció una reflexión sobre este fenómeno cultural, esencial en la formación del imaginario popular mexicano, con la participación del doctor Alejandro César López Bolaños (académico de la FI), el doctor Arturo Vilchis Cedillo (Posgrado en Estudios Latinoamericanos) y el licenciado Ángel Venado Romero (Foto Club Ingenieros).
El doctor López Bolaños examinó la lucha libre desde las perspectivas de economía cultural y antropología del espectáculo; argumentó que esta práctica requiere una preparación estructurada y una formación rigurosa, comparable en duración e intensidad a una carrera universitaria. Precisó que, aunque existen figuras mediáticas que participan efímeramente, la esencia del oficio radica en el rigor, la disciplina y la repetición diaria: un esfuerzo que convierte al luchador en un artista del cuerpo y del espectáculo. Abordó también la dimensión simbólica (arquetipos universales), señalando que "todos aspiramos" a ser héroes o villanos, y que la lucha libre permite representar estas dualidades a través de máscaras y personajes, como "El Canek", quien en los años ochenta personificó la defensa de la nación frente a rivales extranjeros, en un escenario que encarnaba la resistencia cultural y la preservación de una identidad colectiva.
El ponente destacó la longevidad del Consejo Mundial de Lucha Libre (92 años), describiéndolo como un sobreviviente en medio de la globalización. Asimismo, explicó que actualmente la Lucha Libre AAA Worldwide responde a la lógica del entretenimiento corporativo global, con capital extranjero y bajo la influencia del wrestling estadounidense, lo cual constituye una amenaza a los símbolos fundacionales de las luchas de máscara contra máscara de la tradición mexicana. Antes de concluir, se refirió a las condiciones laborales del gremio, denunció la ausencia de contratos, seguridad médica y pagos justos, e instó a valorar la lucha libre como manifestación cultural legítima y a sus protagonistas como parte del patrimonio social del país.
Por su parte, el doctor Vilchis Cedillo, tomando como punto de partida El Santo contra las mujeres vampiro, explicó que estas cintas planteaban un escenario narrativo donde los luchadores enfrentaban amenazas, dejando al margen lo deportivo. Recordó que, en pleno auge —finales de los años cincuenta —, la lucha libre fue retirada de la televisión mexicana, vacío que el cine de carpa o ambulante ocupó, convirtiéndose en vehículo de cultura popular para sectores marginados. Por otra parte, subrayó que Santo y el tesoro de Drácula (1969), censurada en la Ciudad de México por incluir un breve desnudo, fue exhibida en Ciudad Juárez y en otros países; incluso, mencionó la producción turca Los Tres Hombres Poderosos (3 Dev Adam), cuyo protagonista emulaba a El Santo, acompañado por imitaciones del Capitán América y el Hombre Araña, lo que demostró el alcance global del enmascarado.
Asimismo, resaltó las revistas Box y Lucha o Sensacional de Lucha Libre Mexicana, que desde los años sesenta documentaron y construyeron las hazañas de los luchadores como agentes activos en la configuración del género. Estas publicaciones definieron códigos narrativos y estéticos, aunque su enfoque sexista reducía a las mujeres a roles estereotipados (damiselas en peligro o villanas), subordinadas al héroe enmascarado. Vinculó además la lucha libre con la música (Botellita de Jerez, Maldita Vecindad y la Sonora Santanera) y con la llegada de internet, que facilitó la democratización y expansión global, permitiendo que nuevas generaciones redescubrieran a El Santo y a otros íconos. Añadió que el mito de los luchadores se gestaba antes del debut: casos como Mil Máscaras, concebido inicialmente para el cine y después interpretado por un luchador real, junto con Black Shadow, Villano III y Atlantis.
El debate incluyó también el fenómeno social de la "gentrificación": localidades preferentes ocupadas por turistas o espectadores ocasionales, mientras los aficionados de base enfrentan dificultades de acceso por los altos costos. Comparó la experiencia pasada —intensa y emocional, con un público que vivía cada golpe — con la actual, más orientada a lo visual y lo extremo. Además, examinó la inclusión y diversidad en la lucha libre; recordó que las mujeres tuvieron prohibido luchar en la Ciudad de México hasta finales de los años ochenta, lo que las obligaba a presentarse en el Toreo de Cuatro Caminos y otros recintos. También se valoró el papel de luchadores "exóticos" y "enanos", basado en estereotipos que ridiculizaban la homosexualidad o su tamaño, a pesar de su técnica superior: "Hoy se busca superar prejuicios machistas y abrir espacios más inclusivos".
Finalmente, el licenciado Venado Romero concluyó al señalar: "La lucha libre se presentó como disciplina exigente, narrativa mítica, industria con tensiones económicas, fenómeno cultural transnacional y espacio de inclusión en desarrollo". Organizadores y público coincidieron en que la lucha libre no es sólo entretenimiento, sino un componente esencial del patrimonio cultural mexicano, digno de estudio, preservación y, sobre todo, de ser vivido con pasión en las arenas.