
Conforme al tema del vigésimo octavo Festival Universitario de Día de Muertos, que este 2025 fue Huellas de nuestra historia, con la intención de centrar migraciones y desplazamientos, la Facultad de Ingeniería (FI-UNAM), en manos de su División de Ciencias Sociales y Humanidades, dedicó su ofrenda a los ingenieros del destierro republicano español.
El homenaje utilizó como base el diario del buque El Sinaia —el primero en llegar a México (Veracruz, 1939) con un gran número de exiliados de la península ibérica— y se dividió en tres secciones: una para aquellos profesionales influyentes que ya eran adultos formados al pisar suelo mexicano, otra para los que eran muy pequeños o nacieron de padres migrantes y que más tarde pasaron por las aulas de la FI, y una última para los intelectuales de los que no se tiene más pista que su nombre. Además, se destinó un apartado a la arquitecta Araceli Larrión Gallegos, quien, hasta su lamentable fallecimiento en febrero pasado, se encargó por más de veinte años del diseño y montaje de las ofrendas de nuestra Facultad.
La preparación tomó aproximadamente un mes y el armado tuvo que ejecutarse en tan solo unas horas. Adicional a los elementos tradicionales que debe llevar toda ofrenda, la de FI-UNAM presentó una pieza pictórica de gran formato hecha a mano y componentes escultóricos marítimos y portuarios de minuciosa fabricación que puso en primer plano el cariño y agradecimiento que siente Ingeniería por el profesorado que, aunque bajo circunstancias trágicas, terminó por integrarse a su planta docente. La lista de nombres incluye a los ingenieros Gonzalo López de Haro, Roberto Espriú Sen y José María Cid Rollán, por mencionar algunos.