
El Café Sororo concluyó su ciclo semestral con una sesión centrada en el autocuidado, la reflexión crítica y la construcción colectiva de significados en torno a la vida cotidiana. El encuentro, coordinado por la Unidad Integral de Género (UIG) de la Facultad de Ingeniería de la UNAM (FI-UNAM), se realizó el pasado 12 de junio en la Biblioteca Enzo Levy, con la participación académicas y personal administrativo. La actividad fue guiada por la maestra Beatriz Valdivia Torres, psicóloga de la Unidad, quien articuló el trabajo en torno al "Botiquín para la vida cotidiana", una dinámica orientada a promover el reconocimiento personal, el bienestar emocional y la reflexión sobre las prácticas de cuidado.
La sesión del Café Sororo inició con la participación de las asistentes, quienes compartieron sus planes para el periodo vacacional, entre los cuales destacaron el descanso, el contacto con la naturaleza, la lectura, el cuidado de plantas, la meditación y la convivencia familiar. Algunas expresaron la necesidad de recuperar energía tras una extenuante carga laboral durante el semestre, mientras otras mencionaron actividades creativas como la escritura, el bordado y el yoga.
Posteriormente, la conversación se orientó hacia el concepto de "resistencia", entendido por algunas participantes como fortaleza ante la adversidad, mientras que otras cuestionaron su asociación con la idea de "aguantar". En este intercambio, la maestra Valdivia explicó que el lenguaje no es estático, sino que se transforma constantemente y adquiere significados distintos según el contexto social y cultural en el que se emplea: "Desde el enfoque trabajado, la resistencia no implica sufrimiento, sino la posibilidad de cuestionar la lógica de productividad constante y, a partir de ello, fortalecer el autocuidado", aseveró.
Asimismo, se abordó la importancia de establecer límites en el ámbito laboral, particularmente frente a la tendencia a asumir múltiples tareas sin cuestionamiento, lo que puede generar sobrecarga y desgaste emocional. Se señaló que estas dinámicas están atravesadas por construcciones sociales que influyen en la manera en que se conciben la responsabilidad y el compromiso, especialmente en las mujeres.
El punto culminante de la sesión fue la elaboración del "Botiquín para la vida cotidiana", una dinámica en la que las asistentes resignificaron ocho objetos cotidianos como herramientas de autocuidado y reflexión personal: un palillo, como recordatorio para reconocer y descubrir las cualidades propias y de las demás personas; símbolo de flexibilidad ante situaciones y personas, reconociendo que no siempre tienen que responder a nuestras expectativas; una curita, vinculada con los procesos de sanación emocional y la atención de las heridas personales; un lápiz, asociado con la posibilidad de registrar experiencias y reconocer que todas tienen valor; un borrador, que alude a la posibilidad de corregir errores y replantear decisiones, considerando que no todo se elimina por completo.
También se incluyó un chicle, como representación de la perseverancia y la capacidad de sostener los procesos personales frente a las dificultades; un chocolate, como recordatorio de la importancia del afecto propio y de los gestos cotidianos de cuidado emocional; y una bolsita de té, vinculada con la necesidad de hacer pausas, respirar y propiciar momentos de introspección. Como cierre, cada participante escribió una palabra o frase de reconocimiento personal, entre las que destacaron "paz", "amor propio", "familia" y "bienestar". Al concluir la actividad, la maestra Valdivia sintetizó el sentido del ejercicio al señalar que: "El botiquín no lo cura todo, pero acompaña, y a veces eso también es una forma de cuidarnos".